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La
Federación Internacional de Fútbol Asociado se fundó
el 21 de mayo de 1904 en el edificio de la sede de la Unión
Francesa Atlética de Deportes. Firmaron el acta fundacional
Francia, Bélgica, Dinamarca, Holanda, España, Suecia
y Suiza.
Representando a Francia se encontraban Robert Guérin y
André Espir; a Bélgica: Louis Muhlinghaus y Max
Kahn; a Dinamarca: Ludvig Sylow; a los Países Bajos: Carl
Anton Wilhelm Hirschmann; a Suiza: Victor E. Schneider; por el
Madrid Football Club: André Espir; a Suecia: Ludvig Sylow.
A comienzos de este siglo se disputaron los primeros partidos
internacionales oficiales en el continente. La idea de la fundación
de una Federación Internacional comenzaba a perfilarse.
En general, se quería reconocer el predominio de los ingleses,
que habían fundado en 1863 su Football Association. Por
tanto, Carl Anton Wilhelm Hirschmann, secretario de la Asociación
Holandesa, se dirigió a la Football Association. El secretario
aceptó la propuesta, pero el Comité Ejecutivo de
la Football Association, el International F.A. Board y las Asociaciones
de Escocia, Gales e Irlanda dejaron pasar mucho tiempo antes de
confirmar la aceptación de la propuesta. De modo que Robert
Guérin, secretario del Departamento de Fútbol de
la Unión Francesa Atlética de Deportes , a la par
que periodista del "Matin", no quiso esperar más
y se dirigió por carta a las asociaciones nacionales del
continente para pedirles que examinasen la posibilidad de fundar
una organización suprema. Tras un intenso intercambio de
correspondencia, se llegó a las primeras conclusiones.
El 1º de mayo de 1904 se enfrentaron por primera vez en un
partido internacional oficial las selecciones de Francia y Bélgica.
Con este motivo, los secretarios de las dos asociaciones, Muhlinghaus
y Guérin debatieron por primera vez el asunto. Entretanto,
la Asociación Inglesa, bajo la presidencia de Lord Kinnaird,
había desistido de participar en la fundación de
una Federación Internacional. Por ello, Guérin tomó
la iniciativa e invitó a las demás asociaciones
a la asamblea de fundación. Los servicios prestados por
los fundadores fueron fundamentales. El fútbol profesional
comenzaba a organizarse internacionalmente.
Se elaboraron los primeros Estatutos de la FIFA y se determinaron
los siguientes asuntos: el reconocimiento mutuo y exclusivo de
las asociaciones nacionales presentes y representadas; la prohibición
de que clubes y jugadores jugasen al mismo tiempo para diferentes
asociaciones nacionales; el reconocimiento mutuo de las expulsiones
dictadas por otras asociaciones y la organización de partidos
en base a las Reglas de Juego de la Football Association Ltd.
Cada asociación nacional tenía que contribuir anualmente
con una tasa de CHF 50 (francos suizos). Ya en aquellos días
se pensó en organizar una competición de gran envergadura
y en el artículo 9 de los Estatutos se estipuló
que la FIFA era el único organismo autorizado para organizar
una competición internacional. Se convino poner en vigor
estas disposiciones a partir del 1º de septiembre de 1904.
Los primeros Estatutos de la FIFA tenían carácter
provisional para poder facilitar así la afiliación
de nuevos miembros. El mismo día de la fundación,
la Asociación Alemana se presentó por telegrama.
Dos días más tarde, el 23 de mayo de 1904, el primer
Congreso de la FIFA nombró a Robert Guérin Presidente.
A su lado estaban los Vicepresidentes Victor E. Schneider (Suiza)
y Carl Anton Wilhelm Hirschmann (Holanda); Louis Muhlinghaus fue
nombrado Secretario y Tesorero, asistido por Ludvig Syiow (Dinamarca).
Estos pioneros encararon una labor inmensa, ya que la FIFA existía
solamente en el papel. Había que darle forma, crear las
asociaciones como verdaderos representantes y conseguir nuevos
miembros. En primer lugar, había que convencer a los ingleses
de que su participación en la nueva organización
era indispensable.
El 14 de abril de 1905, la dirección de la "Football
Association Ltd." reconoció a las asociaciones nacionales
afiliadas a la FIFA y declaró también su afiliación.
Éste fue el primer gran logro de la FIFA, que se debe al
Barón Edouard de Laveleye. El Presidente de la Unión
Belga de Sociedades Deportivas Atléticas logró borrar,
con gran empeño personal, las últimas dudas de los
británicos. El Barón fue el primer miembro honorario
de la FIFA.
El segundo Congreso de la FIFA tuvo lugar del 10 al 12 de junio
de 1905 en París. En el ínterin, se habían
afiliado a la FIFA las asociaciones de Alemania, Austria, Italia
y Hungría, así como Gales e Irlanda. Ya se hablaba
de una competición internacional que debía celebrarse
en 1906. Se habían establecido cuatro grupos, encargando
a Suiza organizar las semifinales y la final. Se pensó
disputar este torneo con los mejores clubes. El Vicepresidente
suizo Victor E. Schneider había donado un trofeo.
A pesar de todo, la FIFA comenzaba a dar muestras de su fuerza:
cuando el "English Rambers", un club de fútbol
inglés improvisado, quiso disputar algunos partidos en
el continente sin la autorización de la Asociación
Inglesa, la FIFA prohibió a sus miembros enfrentarse con
este equipo. Este proceder estricto de la FIFA impresionó
mucho a los ingleses, quienes, junto a otras asociaciones británicas,
tenían ya un contacto mucho más estrecho con la
FIFA.
Esto se documentó claramente en el siguiente Congreso,
celebrado en 1906 en Berna. En lugar del Presidente de la FIFA
Robert Guérin, ausente, Victor E. Schneider dirigió
las negociaciones. Se eligió como nuevo Presidente al inglés
Daniel Burley Woolfall, una persona pragmática y con gran
experiencia merced a su trabajo en el Consejo Administrativo de
la Football Association. Bajo su dirección, el fútbol
inglés y el continental comenzaron a mantener relaciones
más estrechas. Además, luchó implacablemente
por conseguir la estandarización de las Reglas de Juego.
La idea de una competición internacional de gran envergadura
seguía viva y la Asociación Inglesa asumió
la responsabilidad del control y la administración de un
torneo que tuvo lugar con ocasión de los Juegos Olímpicos
de 1908 en Londres. La organización fue difícil,
hubo problemas que perduraron cuatro años más, hasta
el torneo de 1912 en Estocolmo. Este nuevo deporte, prácticamente
desconocido, era observado con recelo dentro del marco de los
Juegos Olímpicos y, en sus inicios, era considerado más
un espectáculo que una competición. En relación
con los Juegos Olímpicos surgió el problema de los
jugadores profesionales, un problema candente también en
décadas posteriores. A título informativo, cabe
señalar que Inglaterra fue la vencedora de ambos torneos.
Hasta 1909 la FIFA estuvo formada únicamente por asociaciones
europeas. Los primeros miembros de ultramar fueron: África
del Sur en 1909/1910; Argentina y Chile en 1912 y EE UU en 1913.
Este fue el comienzo de la actividad mundial de la FIFA. Se daba
así el primer paso en el camino de la expansión.
De modo que se resolvió convocar una nueva reunión
en 1920 en Amberes. Se eligió un nuevo Consejo Administrativo
de la FIFA, con carácter provisional, compuesto por: Jules
Rimet, Presidente; el danés Louis Oestrup, Vicepresidente,
y Carl Anton Wilhelm Hirschmann, Secretario Honorario.
El resultado de estas elecciones fue sometido a la ratificación
de todas las asociaciones afiliadas, las cuales aceptaron los
nombramientos por unanimidad. El consentimiento fue enviado por
correo. Este procedimiento se empleó por última
vez en esa ocasión, ya que los Estatutos siguientes excluyeron
la votación por correo o por mandato.
Jules Rimet se convirtió el 1º de marzo de 1921 en
el tercer Presidente de la FIFA. Para el francés de 48
años, la FIFA se convirtió en la obra de su vida.
La Federación Internacional contaba sólo con 20
miembros cuando Rimet asumió la presidencia. Los británicos
se habían retirado y Brasil y Uruguay tampoco formaban
parte de la FIFA. En los 33 años de presidencia de Jules
Rimet, la FIFA experimentó un auge increíble a pesar
de la 2ª Guerra Mundial. Se podría hablar de una era
Jules Rimet, ya que logró reorganizar la FIFA y poner en
práctica, finalmente, el sueño de un Campeonato
Mundial. Al retirarse en 1954, tras inaugurar la quinta Copa Mundial
en Suiza, la FIFA contaba ya con 85 asociaciones miembro
Jules Rimet no era, en sus comienzos en la FIFA, una persona desconocida
en el mundo del fútbol. En 1914 participó, como
representante de la Federación Francesa, en el Congreso
de Cristianía (actualmente Oslo). En ese entonces se aprobó
una moción que rezaba: "Bajo la condición de
que el Torneo Olímpico de Fútbol se organice en
concordancia con el Reglamento de la FIFA, la competición
será reconocida como Campeonato Mundial de aficionados".
Para no perder la posibilidad de organizar un Campeonato Mundial
propio, la FIFA estaba dispuesta a asumir la responsabilidad de
organizar el Torneo Olímpico de Fútbol de los VII
Juegos Olímpicos en París.
El éxito fue enorme y los resultados sorprendentes. Participaron
24 selecciones nacionales. Los ingleses, de nuevo, no participaron
en este torneo, pero, en cambio, si estuvo presente EE UU y un
equipo del lejano Uruguay, el cual demostró, para la fascinación
del público, cómo se jugaba al fútbol en
América del Sur. Los resultados de Uruguay fueron espectaculares:
7 a 0 contra Yugoslavia, 3 a 0 contra EE UU, 5 a 1 contra Francia,
2 a 1 contra Holanda. 60.000 espectadores asistieron a la final
entre Uruguay y Suiza, en la que finalmente ganaron los uruguayos
por un resultado de 3 goles a 0. Uruguay se consagró campeón
olímpico y celebraron el oficioso título de campeón
mundial en las calles de Montevideo. En el Torneo Olímpico
de 1928 en Amsterdam, el predominio sudamericano fue incluso mayor.
También en esta ocasión triunfó Uruguay.
Su adversario en la final fue Argentina.
Este eco en los torneos olímpicos incrementó el
deseo de la FIFA de organizar un Mundial propio. Las asociaciones
miembro recibieron cuestionarios en los cuales se preguntaba si
estaban de acuerdo con la realización de un Mundial y bajo
qué condiciones. Una comisión especial se encargó
de examinar esta opción. El la búsqueda de los medios
adecuados para poner en marcha este sueño, el Presidente
Jules Rimet fue el gran impulsor en todos los sectores, junto
con el infatigable Secretario de la Federación Francesa,
Henry Delaunay.
A propuesta del Comité Ejecutivo, el Congreso de la FIFA
del 28 de mayo de 1928 decidió llevar a cabo un Campeonato
Mundial organizado por la FIFA. Sólo debía escogerse
la asociación organizadora. Hungría, Italia, Holanda,
España, Suecia y Uruguay presentaron sus candidaturas.
Desde el principio, Uruguay figuraba como favorito. Además,
el bicampeón olímpico (1924 y 1928) conmemoraba
en 1930 el centenario de su independencia.
Además, la Asociación Uruguaya de Fútbol
se comprometía a correr con todos los gastos, como la travesía
y el alojamiento de todos los participantes. Además repartirían
los posibles beneficios, mientras que, en caso de déficit,
Uruguay asumiría las pérdidas. El Congreso de la
FIFA celebrado en 1929 en Barcelona designó a Uruguay como
primer país organizador del Mundial. Los otros candidatos
se habían retirado.
Esta decisión no fue aceptada con excesivo entusiasmo.
Europa se encontraba en plena crisis económica. La participación
en el Mundial significaba para los europeos no sólo una
larga travesía marina, sino también que los clubes
tendrían que prescindir de sus mejores jugadores durante
dos meses. Una asociación tras otra comenzó a retirar
su promesa de participar, poniendo en peligro la realización
del Campeonato Mundial.
Sin embargo, el Presidente Jules Rimet no se dejó impresionar.
Gracias a un esfuerzo personal, cuatro selecciones europeas emprendieron
la travesía: Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania.
El 18 de julio de 1930 se inauguró en el estadio Centenario
de Montevideo el Primer Campeonato Mundial. Comenzaba una nueva
época del fútbol internacional.
El Campeonato Mundial en Montevideo - todos los partidos se disputaron
el mismo estadio - tuvo un éxito notable, tanto desde el
punto de vista deportivo como financiero. Naturalmente, los organizadores
se decepcionaron porque contaron únicamente con la participación
de cuatro selecciones europeas. El rencor en Montevideo fue tan
grande que - por primera y última vez - el campeón
mundial no se presentó, cuatro años más tarde,
a defender su título.
El Congreso de 1939 en Budapest agradeció a Uruguay la
organización del primer Campeonato Mundial en difíciles
condiciones y lamentó la escasa participación de
los equipos europeos.
La FIFA decidió no organizar un Torneo Olímpico
de Fútbol. Suecia e Italia presentaron su candidatura al
segundo Campeonato Mundial. El Comité Ejecutivo optó
por Italia. Antes de determinar cuáles serían los
16 equipos participantes se tuvo que disputar, por primera vez,
partidos eliminatorios. Se empleó un sistema de copa, por
lo que los equipos de Brasil y Argentina tuvieron que regresar
a casa después de su primera derrota. Una vez más
triunfó el equipo local: Italia venció en la final
a Checoslovaquia en la prórroga. Por primera vez, una final
se transmitió por la radio.
Cuatro años más tarde, Jules Rimet, el "Padre
del Campeonato Mundial", vio cumplido su gran sueño:
el Campeonato Mundial se disputó en Francia, su país
natal. Sin embargo, este Mundial se vio también enturbiado
por algunos sucesos: Austria no se presentó, de modo que
Suecia no tuvo contrincante en los octavos de final; Uruguay no
quería participar y Argentina se retiró. Por ello
se presentaron los equipos nacionales de Cuba y de las Indias
Orientales Holandesas. Esta vez no hubo victoria local e Italia
logró revalidar su título. El Campeonato Mundial
debía haberse disputado por cuarta vez en 1942. No obstante,
en el Congreso de 1938 celebrado en París se renunció
a designar un país organizador, por lo que el Campeonato
de 1942 nunca se celebró. El siguiente Congreso no se celebró
hasta el 1º de julio de 1946 en Luxemburgo. En el Congreso
de Luxemburgo estuvieron representadas 34 asociaciones. Los delegados
entregaron al Presidente Jules Rimet, tras sus 25 años
al frente de la FIFA, un hermoso regalo. A partir de entonces,
el trofeo del Campeonato Mundial se denominaría Copa Jules
Rimet. Para el Campeonato de 1949 (que se pospuso un año
por falta de tiempo) sólo se presentó un candidato
y Brasil fue elegido por unanimidad. Al mismo tiempo, se concedió
a Suiza una opción para el año 1954.
1946 fue el año del regreso de las 4 asociaciones británicas
a la FIFA. De nuevo, este éxito fue posible gracias a las
dotes diplomáticas de Jules Rimet, quien encontró
dos interlocutores de amplias miras en las personas de Arthur
Drewry y Sir Stanley Rous. Ambos se convirtieron en dirigentes
de la FIFA posteriormente. Además, este hecho se festejó
con un encuentro entre la selección de Gran Bretaña
y una selección del resto de Europa, disputado el 10 de
mayo de 1947. Denominado "el partido del siglo" por
la prensa, al encuentro asistieron 135.000 espectadores y los
ingresos fueron de 35.000 libras esterlinas. Como muestra de buena
voluntad, esta suma se puso a disposición de la FIFA para
ayudar a salvar el escollo financiero causado por los largos años
de guerra. Los británicos vencieron por 6 goles a 1.
El 4º Campeonato Mundial se celebró en 1950 en Brasil
después de 12 años de interrupción. Por primera
vez, una selección inglesa participó en un Mundial.
Sólo participaron 13 naciones. La asociación Alemana
no estaba aún afiliada, mientras que austríacos
y húngaros se retiraron, al igual que los turcos y los
escoceses, que ya estaban clasificados. El torneo se disputó
mediante un sistema de campeonato. Los ingleses quedaron eliminados
en los partidos de grupo, tras dos derrotas frente a EE UU y España.
Brasil perdió su primer título mundial en la final
contra Uruguay. Por segunda vez, el trofeo Jules Rimet permanecía
en Montevideo por cuatro años.
Cuatro años más tarde, durante el 5º Campeonato
Mundial celebrado en Suiza e inaugurado por Jules Rimet en Lausana,
el Presidente de la FIFA, de 80 años de edad, se retiró
de su cargo durante el Congreso de Berna. Después de su
discurso de despedida, los delegados le ovacionaron en pie durante
más de un minuto. Ese 21 de junio de 1954, el Sr. Jules
Rimet se convirtió en el primer Presidente Honorario de
la FIFA. El "Padre del Campeonato Mundial" entregó
al capitán alemán del equipo vencedor Fritz Walter,
por última vez, la Copa Jules Rimet.
El cuarto Presidente de la FIFA fue el belga Rodolphe William
Seeldrayers. En sus nuevas funciones, celebró el 50 aniversario
de la FIFA, la cual contaba entonces con 85 asociaciones miembro.
Su sucesor fue el inglés Arthur Drewry, elegido el 9 de
junio de 1956. Drewry había ocupado la función de
presidente interino durante medio año. Fue también
Presidente de la Comisión de Estudio de los nuevos Estatutos
de la FIFA y, en 1958, inauguró en Estocolmo el 6º
Campeonato Mundial. Este fue un gran torneo que Brasil ganó
de forma soberana.
El operativo de la FIFA estuvo controlado por el suizo Ernst B.
Thommen hasta el Congreso Extraordinario celebrado el 28 de septiembre
de 1961. Thommen, quien había sido Presidente de la Comisión
Organizadora del Campeonato Mundial en 1954, 1958 y 1962, aportó
mucho a la Federación Internacional de Fútbol.
Sir Stanley Rous fue elegido 6º Presidente de la FIFA. En
su juventud fue un excelente árbitro que conocía
muy bien el fútbol internacional. Durante su presidencia,
Inglaterra se proclamó campeona mundial en 1996, lo que
fue motivo de gran alegría para él. Era muy popular
en todo el mundo. Muchas naciones conseguían aquel entonces
su independencia y corrían a afiliarse a la FIFA. El número
de asociaciones miembro crecía rápidamente. Además,
la transmisión por televisión de la Copa Mundial
contribuyó enormemente a la expansión mundial del
fútbol. En esos años, la FIFA era muy conservadora
y reservada en sus decisiones. Sus medios y posibilidades eran
limitadas, entre otras cosas porque, al ser una institución
privada, no recibía subsidios gubernamentales ni recursos
de otras fuentes. Sus fondos provenían únicamente
de los beneficios de las Copas Mundiales y, con esos ingresos,
debían organizar el presupuesto de cuatro años.
Realmente no se podía conseguir más con los medios
a disposición. Con muchos sacrificios, se consiguió
consolidar y conservar la obra. Sir Stanley Rous logró
todo esto. En reconocimiento a sus méritos, el 11 de junio
de 1974 fue nombrado en Francfort Presidente de Honor de la FIFA.
Ese día, el brasileño Dr. João Havelange
se hacía con las riendas de la Federación Internacional
de Fútbol.
Desde el momento en que la Confederación Sudamericana de
Fútbol presentó su candidatura a la presidencia
de la FIFA, en 1970, el Dr. Havelange comenzó a buscar
soluciones a los grandes problemas del fútbol mundial.
Cuando fue elegido en el 39º Congreso de 1974, estaba decidido
a considerar el fútbol no sólo una competición,
sino también a buscar nuevas vías para conseguir
un desarrollo técnico del fútbol mundial y preparar
a las nuevas generaciones para ello.
Su entrada en la sede de la FIFA en Zúrich supuso el nacimiento
de una nueva era. En épocas anteriores, dependiendo únicamente
de los ingresos de la Copa Mundial, la FIFA había tenido
que ser muy conservadora. La administración se había
concentrado en conservar y mantener el estatuto alcanzado. En
muy poco tiempo, el Dr. Havelange transformó una institución
puramente administrativa en una empresa dinámica con muchas
ideas y el deseo de ponerlas en práctica. La dirección
actual de la sede de la FIFA en Zúrich no ha cambiado desde
entonces, pero la romántica Villa Dewald en el Zurichberg,
donde, en 1974, 12 personas coordinaban el destino del fútbol
mundial, ha sido sustituida por un moderno edificio de oficinas
que acoge a más de 50 empleados con cada vez más
trabajo.
De vuelta en 1974, la FIFA se encontraba preparando su décima
Copa Mundial, un tira y afloja, una prueba de fuerza entre 9 equipos
europeos y 4 latinoamericanos. Los vaivenes políticos,
especialmente en África, donde muchos países conseguían
esos días su independencia, comenzaban a mostrar sus efectos
en la escena deportiva mundial. En aquella época, África,
Asia y América del Norte y Central y el Caribe (CONCACAF)
enviaban cada uno únicamente a una selección a la
gran fiesta futbolística mundial. En 1982, en España,
la Copa se amplió para acoger a 24 naciones. A partir de
entonces, el increíble éxito de selecciones que
aunque participaban nunca conseguían clasificarse, confirmó
al Dr. Havelange que su política a este respecto había
sido la acertada. En la Copa Mundial Francia 98 se incrementó
el número de equipos participantes a 32 finalistas. De
esta forma, se convirtió en la Copa Mundial más
concurrida de su historia, permitiendo la participación
de un mayor número de equipos por confederación.
En lo que respecta a la política, la FIFA comenzó
con su vocación de servicio y noción de universalidad.
La integridad personal de Havelange consiguió el respeto
de las asociaciones nacionales. Su palabra tenía peso en
el mundo entero. Bajo su liderazgo las oficinas de la FIFA fueron
y son un ejemplo de diplomacia deportiva.
Durante los últimos 25 años, la FIFA ha conseguido
extender su campo de influencia a todo el mundo, no sólo
en el ámbito deportivo, sino también en otros sectores
de nuestra sociedad, como el comercial y el político. El
fútbol, en más de una faceta, se ha extendido en
regiones completas y entre la gente. Con más de 200 millones
de jugadores en activo, el fútbol se ha convertido en una
de las más flamantes industrias del ocio, abriendo nuevos
mercados en el mundo no sólo para la FIFA, sino para el
resto de las naciones.
Aún se debe explotar el potencial latente, particularmente
en Asia y Norteamérica. Desde mediados de 2000, el crecimiento
de la FIFA ha sido insólito, alcanzando la cifra de 204
asociaciones afiliadas y convirtiéndose así en una
de las mayores federaciones deportivas internacionales y, evidentemente,
en una de las más populares, con más de 200 millones
de miembros activos.
El 8 de junio de 1998, Joseph S. Blatter (Suiza) sucedió
a João Havelange (Brasil) y fue electo octavo Presidente
de la FIFA. Esta victoria obtenida en el 51º Congreso ordinario
de la FIFA, celebrado en París, Francia, llevó a
Joseph S. Blatter, quien ya había prestado sus servicios
a la Federación Internacional en varios cargos durante
más de veintitrés años, a la máxima
posición del fútbol internacional.
En el mundo de la diplomacia deportiva internacional, Joseph S.
Blatter es una personalidad versátil y de vasta experiencia,
dedicado en cuerpo y alma a servir al fútbol, a la FIFA
y a la juventud mundial
El
texto fue extraido de www.fifa.com
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